Antes de que un proyecto llegue al Estudio de Impacto Ambiental, hay un paso que casi nadie fuera del gremio conoce: el Diagnóstico Ambiental de Alternativas, o DAA. Y no, no aplica a todos los proyectos. Ese es justo el primer error que vemos: equipos que asumen que sí, o que asumen que no, sin haberlo verificado con la autoridad.
Vamos por partes.
Qué es el DAA
El DAA es el estudio que compara, con criterio ambiental, social y técnico, las distintas alternativas de trazado, ubicación o diseño de un proyecto, antes de comprometerse con una sola. La idea es simple: si hay más de una forma razonable de hacer algo, primero se comparan, después se elige.
La diferencia con el Estudio de Impacto Ambiental es de secuencia, no de profundidad. El EIA responde qué le va a pasar al territorio con la alternativa ya elegida. El DAA responde, antes de eso, cuál alternativa conviene elegir. No son estudios que compitan entre sí ni que se repitan: uno decide el camino, el otro evalúa las consecuencias de haberlo tomado.
Cuándo se exige
No todo proyecto que necesita licencia ambiental necesita DAA. La normativa reserva esta exigencia para casos donde de verdad existen alternativas viables entre sí, principalmente proyectos lineales. Algunos ejemplos concretos que la propia autoridad ambiental ha identificado:
- Construcción de variantes, pares viales o vías que atraviesan centros poblados.
- Construcción de vías férreas y sus variantes.
- Proyectos que requieren trasvasar agua de una cuenca a otra.
Si tu proyecto no encaja claramente en ese tipo de casos, puede que no lo necesites. Y aquí va lo que más nos preguntan: ¿cómo se sabe con certeza? Se pregunta. El interesado puede presentar una solicitud por escrito ante la autoridad ambiental competente pidiendo que determine si el proyecto requiere DAA. Es un paso rápido comparado con el costo de equivocarse.
Qué pasa si te lo saltas cuando sí aplicaba
Aquí está el problema real. Si un proyecto presenta directamente su EIA sobre una sola alternativa, sin haber sustentado por qué esa es preferible frente a otras posibles, la autoridad puede pedir información adicional o, en el peor caso, objetar la alternativa presentada.
Y ahí no hay plan B. No existe una segunda alternativa ya evaluada a la que echar mano. Hay que retroceder, identificar otras opciones, evaluarlas desde cero, y volver a presentar el caso. Todo lo que el DAA hubiera resuelto en semanas, ahora toma meses.
Cómo saber si tu proyecto lo necesita
La pregunta de fondo es corta: ¿existe más de una alternativa técnicamente viable de trazado, ubicación o diseño para este proyecto? Si la respuesta es sí, vale la pena resolver esa duda con la autoridad antes de avanzar al Estudio de Impacto Ambiental, no después.
Esta decisión se conecta con otras dos que también definen el resto del proceso: cuál autoridad tiene jurisdicción sobre el proyecto (algo que explicamos en nuestro artículo sobre qué es la ANLA) y qué exige el marco general de licenciamiento ambiental recogido en el Decreto 1076 de 2015.
¿Tu proyecto tiene más de una alternativa sobre la mesa?
Evaluar alternativas no es perder tiempo al inicio. Es evitar perderlo todo después, cuando ya no queda margen para volver atrás.
En Hominum evaluamos desde la etapa de prefactibilidad si un proyecto requiere DAA, y si aplica, lo tramitamos junto con la solicitud de determinación ante la autoridad, para que el proyecto avance sobre terreno firme y no sobre una suposición. Esa validación temprana es la que le ahorra al proyecto los meses de retroceso que describimos arriba. Si además tu proyecto ya tiene un frente abierto de permisos ambientales, podemos revisar los dos procesos juntos.
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